Eating out, Personal, Travel

Memories from Paris

I can’t remember when was the first time I learned about Paris. Maybe it was in a movie. Probably in history class. Doesn’t matter, I’ve always wanted to go. Ever since I saw my first nouvelle vague film I’ve wanted to pretend I’m a careless Godard girl in a cute dress. Or channel my inner Julia Child and speak terrible french while I’m stuffing my face with macarons or some buttery food. And fulfilling my lifetime dream of a getting lost in front of impressionist art in the museum d’Orsay. Also, Disney Land. Yes, for the first time in my 26 years of age, I had never ridden a crazy teacup until a few months ago. Thanks to the fact that I was laid off which was really a blessing in disguise, I got to do all that.

This is mostly pictures of my (brief) trip to Paris this past May and also an attempt to make more space on my phone. But seriously, Paris was a dream. I had carb-a-cide breakfasts every day, I went to my favorites movie locations, and I got to see my favorite works of art. Oh, and croissants, plenty of buttery, flaky and delicate croissants. Are you ready for the boring ride?

I mean come the fuck ON.

 

 

Even the small ones were delicious.

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Eating out, Portugal, Travel

Pastéis de Belém y como me cebé de pastelería portuguesa.

La única dieta que existen en los viajes es la de comer lo que te de la gana. Estar de vacaciones te da la libertad de olvidarte de contar calorías (si es algo que acostumbras hacer, anyway), cenar carbohidratos, tomarte toda la cerveza que quieras y probar absolutamente todo lo que te brinde la cultura gastronómica de aquel lugar que visitas, bueno por lo menos es lo que me gusta hacer a mí y por suerte a las personas con las que viajo también.

Esta vez le tocó a la pastelería de Lisboa en específico el Pastel de Belém, también conocido como el Pastel de Nata. Es un pastelito que lleva más de dos siglos en el mercado y fue creado por monjas católicas del monasterio portugués de los Jerónimos del distrito de Belém, en Lisboa. Estos pasteles son un MUST si viajas a Lisboa, ya que ir a Belem solo son 15 minutos en tranvía, aproximadamente.

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Eating out, Travel

Fresco de verano

Los viajes siempre han sido algo que me apasionan de forma que me es casi imposible describir. Definitivamente me considero una persona que sufre ferozmente de wanderlust.
Mi verano se ha visto lleno de estudios, un viaje por Europa del este, lugares ocultos de Barcelona comida fresca (que por vagancia no he subido aquí, pero puedes mirar en mi Instagram), monumentos y festivales de música. Hace unas semanas emprendí en un viaje superlowbudget de una semana a Budapest, Vienna y Praga, y la verdad es que fue totalmente mágico. A continuación un pequeño ‘photo diary’ de lo que fue de mí en ese viaje, y un poco de mi regreso a Barcelona.
Budapest debe de ser la ciudad en la que la paz me ha invadido repentinamente de una forma que solo me pasa cuando estoy frente al mar, algo un poco irónico porque es una ciudad que no tiene mar, solamente un río, pero los ríos no son igual de potentes que el mar, jamás.

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Eating out, Travel

Tapeando por Granada

Mi interés por Granada es nuevo y muy específico. Empezó porque vi un episodio de Anthony Bourdain: Parts Unknown donde Anthony visita Andalucía y nos submerge en la cultura del tapeo, que para mí, antes de mudarme a Barcelona era un mundo desconocido. Lo que más me emociona de las tapas en Andalucía, Granada específicamente es que son gratis. Sí. Gratis. Algo que en Barcelona no se ve, y si conoces de algún lugar que sirva tapas gratis no se lo comentes a NADIE porque eso es oro y si la gente se entera lo quitan.

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Eating out, Travel

Sur de Francia

Visitar el sur de Francia fue una experiencia inolvidable, ya quiero regresar, quiero aprender a defenderme mejor con el francés para no andar de perdida de la vida en los mercados navideños o en los cafés, aunque allí la gente es muy simpática, siempre viene bien entender el idioma del lugar que visitas.

Algo que aprendí allí es que los franceses aman los mercados navideños y los carruseles, lo viven con tal plenitud que realmente es inevitable que se te pegue el espíritu navideño. A continuación algunas cosas que comí en los mercados navideños durante tres días y unos cuantos recuerdillos que me llevé del Bézier, Avignon, Arles, Montpellier y Collioure.

 
 

¡Queso! Tanta variedad, tantos tipos de queso y yo perdida en un oasis de degustación.



El Aligot,  es un puré de papas, mezclado con mucha crema de leche (nata), mantequilla y mucho queso Tomme que le da una textura muy suave y espesa, y por encima un trozo de salchicha. Es un plato muy típico de los mercados navideños porque calienta mucho el cuerpo y tiene muchas calorías. 

 


 
La salchicha se cocina dentro del stand del mercadillo para servirle a la gente mientras se van acercando a comprar, mientras un señor va mezclando el Aligot. Las personas pueden comerse el Aligot justo en frente al stand en mesitas de bar.
 
Ahora para algo dulce… ¡Crêpes!
 
 
El stand de los crêpes era genial, además de que los reposteros eran unos chicos hermosos , el crêpe de chocolate negro es un escándalo. Realmente uno de los dulces más ricos para mí. También es muy chulo ver como lo preparan frente a ti.
 





 
 
Preparar crêpes es un arte, definitivamente, y uno muy muy rico.
 
 
El tercer día de mercados navideños conocía a una señora gitana de Granada que llevaba 20 años viviendo en Montpellier, y tenía uno de los stands más concurridos del mercado, era muy simpática. La conocí porque me escuchó hablando español con unas amigas y al parecer estaba cansada de intentar de entender mi francés. 


 
Esta señora prepara el ragout de papas con calamares y olivas negras más rico que he comido en mi vida, bueno el único pero el más rico EVER.
 
 
Fíjense como lo hace en una paellera, este no es un plato típico de Francia pero, es definitivamente una hermosa fusión de la cocina francesa con la española. 
 
Y ahora, lo más importante de toda Francia. Los maracons.
 
 
 
Estos macarons estaban TAN ricos. Me gasté 10€ (carísimos, coño) en 8 macarons de los cuales 4 me comí sin pensar ni asimilar que tenía te hacerle fotos para el blog. Soy una gorda, lo sé y lo acepto.
 
 
Aunque caros, valen la pena. I regret nothing, no sé cuando será la próxima vez que vaya a Francia 🙁 *forever poor*
 
 
 
 
 
 

Ahora les muestro algunas fotos de mi viaje que no son de comida, les exhorto que si algún día tienen la oportunidad de ir a alguna de estas ciudades, vayan, son fascinantes y hermosas, no regresarán a casa como la misma persona.  

Vista desde la cima de la Catedral Saint-Nazaire en Bézier.


Collioure, Francia.

Mercadillo de antigüedades en Montpellier, Francia.


Recuerdos de la más hermosa región que he tenido la oportunidad de visitar.

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