Eating out, Portugal, Travel

Pastéis de Belém y como me cebé de pastelería portuguesa.

La única dieta que existen en los viajes es la de comer lo que te de la gana. Estar de vacaciones te da la libertad de olvidarte de contar calorías (si es algo que acostumbras hacer, anyway), cenar carbohidratos, tomarte toda la cerveza que quieras y probar absolutamente todo lo que te brinde la cultura gastronómica de aquel lugar que visitas, bueno por lo menos es lo que me gusta hacer a mí y por suerte a las personas con las que viajo también.

Esta vez le tocó a la pastelería de Lisboa en específico el Pastel de Belém, también conocido como el Pastel de Nata. Es un pastelito que lleva más de dos siglos en el mercado y fue creado por monjas católicas del monasterio portugués de los Jerónimos del distrito de Belém, en Lisboa. Estos pasteles son un MUST si viajas a Lisboa, ya que ir a Belem solo son 15 minutos en tranvía, aproximadamente.



Vista desde Belem hacia el puente 25 de Abril, sobre el río Tajo.

La pastelería de Belem a la cual nos dirigimos es una pastelería que lleva su negocio desde el año 1837, todavía recibiendo una cola de turistas, locos por probar estos pasteles tan divinos.

Es inmensa, llena de azulejos y mesas preciosas, el trato también es fenomenal. Fuimos de noche para evitar las inmensas colas, ya que pasamos totalmente de ellas. El lugar esta lleno de todo tipo de pastelería, tartas de todo tipo, eclairs, donuts, bizcochos, tartas de hojaldre, mielesm mermeladas, pastas que realmente no sabía que eran, pan…ay el pan y su olor del de recién hecho es la gloria.

Ahora, a lo que fuimos, los pasteles de Belem!

Estos pequeños están hechos de una masa de hojaldre crocante, rellenos con una crema de nada hecha a base de yema de huevo, azúcar y leche. Usualmente se espolvorea con canela en polvo o azúcar en polvo, o ambos porque nadie te está juzgando. No hay una manera específica de comerlo si frío o caliente, es tu libre albedrío, pero yo les recomiendo que si algún día lo prueban, calentito es la mejor opción. La masa está crocante, la nata se disuelve en tu paladar y el dulce se te queda alojado en los espacios entre tus dientes y encías. Además al comer un pastel caliente siempre sientes un comfort por dentro que solo la calidez puede darte.

Otro pastel que probamos fue una ‘Delicia de Frambuesa’ que estaba para morirse! Es un pastel que de base tenía bizcocho de vainilla, nata, frambuesa y RICURA.

Esto lo acompañamos con unas copitas de vino y fue genial terminar nuestra última noche en Lisboa de esta forma, tranquilas comiendo dulces y tomando vino. Si algún día te encuentras por Lisboa no dejes de probar estos pastelitos, están increíbles para ser tan simples y delicados. Valen la pena.

“Así nos fuimos del santo templo, que está asentado en las playas del mar, que tiene el mismo nombre de la tierra donde Dios fue en carne dado al mundo.” – traducción Laura H.
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